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Oteando ideas, actitudes y comportamientos

Etiqueta: nacionalismo

Europa de la Razón

«Aspiramos a una Europa de la Razón[…]»

Manifiesto DiEM25

Nunca un manifiesto ha propuesto algo tan radicalmente obvio y, a la vez, revolucionario, como defender, por encima de naciones, etnias, idiomas e intereses, una Europa de la Razón como primer principio declarativo. Una Europa de la Razón es, en realidad, un pleonasmo, una redundancia. Cuando pensábamos que habíamos construido una Utopía, ésta se convirtió en Leviathan. Sin embargo, no tengo yo tan claro que los compañeros de viaje de Varoufakis patrios compartan el concepto DiEM25 de lo que Europa significa. Nacionalismo y Europa son antagónicos porque Nacionalismo es exactamente lo contrario de Razón. Lo étnico, lo local y lo rural, tan de moda en estas latitudes, serán compatibles con Europa sólo cuando se desprovean de su mística y, sobre todo, de su voluntad de ser sujetos políticos esenciales. Sólo cuando busquen lo compartido, lo común o lo complementario en la confederación de localismos europeos y renuncien a ser volk .

Pero no aspiramos a una Europa de la Razón únicamente. Aspiramos a que Europa se convierta en nuestra comunidad política de referencia. Aspiramos a muchas cosas, pero en estos momentos, absolutamente deprimentes de niños de la guerra en pateras náufragas, yo aspiro a acoger, a integrar, a ayudar y a compartir una idea. La idea de que vivir dónde vivo es un orgullo, no porque me reconozca entre iguales, sino porque ahí contribuyo a construir la obra política más difícil, más plural, más acogedora y más basada en la Razón: una Utopía llamada Europa.

 

Aspiramos a una Europa de la Razón, la Libertad, la Tolerancia y la Imaginación que será posible mediante una Transparencia integral, una Solidaridad real y una Democracia auténtica.
Aspiramos a:
• Una Europa Democrática en la que la autoridad política emane de los pueblos soberanos de Europa.
• Una Europa Transparente en la que todas las decisiones se tomen ante la atenta mirada de los ciudadanos.
• Una Europa Unida cuyos ciudadanos tengan tanto en común entre las naciones como dentro de ellas.
• Una Europa Realista que adopte la tarea de emprender reformas democráticas radicales, pero factibles
• Una Europa Descentralizada que utilice el poder central para maximizar la democracia en el lugar de trabajo,  en los pueblos, en las ciudades, en las regiones y en los Estados.
• Una Europa Plural de regiones, etnias, creencias, naciones, lenguas y culturas.
• Una Europa Igualitaria que celebre la diferencia y termine con la discriminación basada en el género, la raza, la clase social o la orientación sexual.
• Una Europa Cultural que aproveche la diversidad cultural y que celebre no solo su patrimonio de valor incalculable, sino también el trabajo de poetas, escritores, músicos y artistas disidentes de toda Europa.
• Una Europa Social que reconozca que la libertad requiere no solo la ausencia de interferencias, sino que también necesita bienes básicos que hagan que todos estén libres de carencias y de explotación.
• Una Europa Productiva que dirija la inversión en aras de una prosperidad ecológica y compartida.
• Una Europa Sostenible que viva de los recursos que ofrece el planeta, minimizando el impacto medioambiental y dejando todos los combustibles fósiles que sea posible dentro de la tierra.
• Una Europa Ecológica comprometida con una verdadera transición verde en todo el mundo
• Una Europa Creativa que fomente la capacidad innovadora y la imaginación de sus ciudadanos.
• Una Europa Tecnológica que ponga las nuevas tecnologías al servicio de la solidaridad.
• Una Europa consciente de su Historia que luche por un futuro mejor sin ocultar su pasado.
• Una Europa Internacionalista que trate a los no europeos como un fin en sí mismos.
• Una Europa Pacífica que reduzca la tensión en su parte oriental y en el Mediterráneo, actuando como baluarte contra los sectores militaristas y expansionistas.
• Una Europa Abierta llena de ideas, gente e inspiración de todas partes del mundo, que reconozca a las vallas y las fronteras como signos de debilidad que difunden inseguridad en nombre de la seguridad.
• Una Europa Liberada donde desaparezcan los privilegios, los prejuicios, las privaciones y las amenazas de violencia. Que los europeos nazcan con menos estereotipos, que tengan las mismas oportunidades para desarrollar todo su potencial y sean libres de elegir a sus compañeros en la vida, el trabajo y la sociedad.

La mala noticia es que Cataluña aún no ha tocado fondo. La buena es que ya falta poco.

Arcadi Espada en El Mundo

Derecho a decidir

Una afirmación tan genérica y equivoca pretende alterar el sentido y alcance del derecho de participación política. A partir de ella, cualquier colectivo puede invocarla para decidir lo que le venga en gana, aduciendo que toda expresión de autogobierno es valiosa para engendrar legitimidad. Como si ésta no dependiese de la calidad moral de lo que se decida y cómo; como si el alcance y ámbito de nuestra capacidad de autogobierno no estuviese delimitada por los otros derechos y el derecho de los otros. Sin duda, el de participación política es básico e insustituible pero está circunscrito por un núcleo de razones sustantivas que se resumen en el repertorio de los Derechos Humanos y unos procedimientos que se sustancian en el buen funcionamiento del Estado de derecho. Sin ese horizonte moral y asiento institucional ninguna comunidad política deviene comunidad de justicia. Contra este fundamento arremete el proceso independentista, al tiempo que mina algunas de las condiciones que hacen viable la democracia.

Ramón Vargas-Manchuca Ortega en El País

El artículo completo es una bofetada adulta y racional contra la levedad de lo utilitario y coyuntural. Moralidad, instituciones, derechos humanos y fundamentos filosóficos de la organización política versus banderas, vías, marchas, marketing y urnas sin censo.

 

Proceso:

Dícese del hecho político, ejemplarmente democrático, pacífico, racionalmente inexpugnable y  nada identitario en el que, sin saber de dónde, han aparecido putas, agentes del CNI y traidores.

Lastre del siglo XX que soltar (2): el Estado-Nacion. (O de la necesidad de un nuevo relato para cambiar la historia)

Cuando uno se queda sin los circuitos cerebrales que aseguran la memoria, como en la psicosis de Korsakoff, no sólo pierde la capacidad de retener eventos sino que pierde los hitos que guían el relato interno. La característica fundamental de dicha psicosis es la fabulación: los pacientes inventan una historia falsa pero que une de forma coherente unos elementos dados que pueden no tener relación entre sí. Generan un relato ficticio que una los puntos relevantes de la historia interna. El cerebro no lanza pantallazos azules o errores de sintaxis, simplemente inventa líneas que permitan seguir ejecutando código. Como dice Roger Highfield en Edge a cuenta de la necesidad de un relato en la ciencia:

Hay una predilección humana por hacer narrativas de cualquier cosa que nos rodee, a ver una agencia en las oscuras sombras y mensajes en las estrellas. Con estas pautas podemos encontrar héroes también. Las historias que crean héroes son importantes porque pavimentan reputaciones, vitales para la evolución de la cooperación, mediante un mecanismo llamado reciprocidad indirecta.

La memoria no es un registro de todos los eventos que nos suceden. Es sólo el registro de todos los eventos emocionalmente relevantes. Esos eventos son los hitos en el camino, las entradas en el timeline, los elementos clave de la historia. Pero el hilo que los une, el camino que los recorre no queda registrado y, por tanto, es susceptible a la fabulación, a la ficción y, ojo, a la manipulación. Cuantos más hitos relevantes queden registrados más fidedigno será el relato, la narración, a lo acontecido realmente. El registro de los hitos dependerá de tres cosas: de lo emocionalmente relevantes que sean los eventos que llevan al registro de un hito, del tipo de connotación emocional (positiva o negativa) a la que se haya asociado el evento y del tiempo que haya pasado desde su acontecimiento. El relato, es decir, la conexión entre hitos y su contexto, dependen de dos cosas a priori: de los prejuicios y de los intereses del narrador, y ambos, a su vez, dependen de la experiencia previa, de los hitos ya registrados. En definitiva, el relato biográfico, histórico, político e incluso el científico, están muy condicionados por las emociones del narrador. El gran valor que aporta el método científico para evitar los sesgos de la emoción es que el relato se ha de ceñir a unos métodos y las conclusiones a los resultados. De esa forma, aunque no se demuestre experimentalmente cada paso, cada mecanismo, se garantiza un alto nivel de veracidad en dichas conclusiones, incluso cuando se especula.

En los últimos tiempos, especialmente en Las Indias, pero en otros muchos lugares y a cuenta de diferentes temas (del nacionalismo a la crisis) he visto muchos textos destacando la importancia de elaborar un relato como paso fundamental en el cambio (o refuerzo) de un paradigma. La idea fundamental es que la consecución de logros, particularmente, logros comunitarios depende de la cohesión de la comunidad que los ha de llevar a cabo y la cohesión depende de que dicha comunidad sea una comunidad que comparte motivaciones, intereses y objetivos. Compartir todo eso implica un bagaje emocional común que incluye experiencias emocionalmente relevantes (hitos) comunes y un relato que de cohesión a esos hitos. No sólo eso, puede que también sean imprescindibles actos comunitarios que ayuden a consolidar, transmitir y perpetuar ese relato. Es decir, seguramente son tambien imprescindibles los mitos y los rituales. En resumen, la comunidad real necesita de una religio (en oposición a una superstitio).

La narrativa política estándar se basa en la lógica del Estado-Nación. Los análisis, las estadísticas, los marcos legales, las soluciones… prácticamente todo lo que articula la vida comunitaria se basa en una comunidad imaginaria (dentro de la cual puede haber identidades diversas, clases sociales alejadas, etnias, religiones y creencias dispares y, lo que es peor, objetivos divergentes) que es la Nación. El conjunto de normas y relaciones dentro de los elementos de esa comunidad imaginada configuran el Estado. Pero en una sociedad como la actual, extremadamente plural, versátil y nómada, la lógica del Estado-Nación se agrieta, hace aguas. Por varias razones que en Las Indias aglutinan bajo el término «descomposición«, pero de las cuales destacaría dos:

  • Por un lado por un problema de escala. El Estado-Nación es un mastodonte de dificil manejo, rígido hasta la exasperación y lento en sus resultados, lo que contrasta con la velocidad a la que se mueven las periferias del sistema, en cualquier sentido. Esta misma razón de escala es la que hace del Estado-Nación el objetivo idóneo de los capturadores de rentas y, por tanto, de que los objetivos de dicho Estado-Nación en no pocas ocasiones sean directamente contrarios a los objetivos de sus ciudadanos, integrantes teóricos de dicho tipo de comunidad.
  • Por otro lado por un problema de concepto. El Estado-Nacion está determinado por un contexto histórico en el que los hitos, el relato, son impuestos, no propios. Lo que sucediera en Trafalgar o en la Guerra de Sucesión Española es algo que poco tiene que ver con mis afectos, mi comunidad de pares, mis seres queridos o mis objetivos vitales. Sin embargo todo el relato público y, lo que es peor, la legislación derivada, se articula teniendo como base a una comunidad imaginaria configurada en torno a un relato que, en su mayor parte es ajeno a los ciudadanos de a pie. Al final, como sugiere Hobsbawm, y como parece que va calando, por fin, incluso en la izquierda tradicional,el Estado-Nación no es nada más que el relato de las élites. Sean éstas la Casa de Habsburgo, la Iglesia Católica o el Partido Comunista Chino. El relato sólo refleja el juego de tronos, no la marea de fondo. Pero el poder del relato es tan enorme que cuando quienes no forman parte de esas élites hacen propio el relato y asumen los supuestos de dichas élites, pueden llegar a enorgullecerse de morir por esas élites.

De ahí que la idea de acabar con el Estado-Nación no tenga como objetivo promover otros Estados-Nacion, sino destruir el relato actual en favor de uno que de consistencia interna a los afectos, anhelos, objetivos y relaciones de nuestras comunidades reales (seguramente pertenecemos a varias simultáneamente). Y nuestra comunidad real pueden ser nuestros familiares, nuestros vecinos, nuestros pacientes, nuestros compañeros de trabajo…la gente a la que influenciamos y que nos influencia de forma directa y clara. Cada comunidad, en función de aquello que comparta, tendrá su relato, sus mitos y rituales, sus sitios de reunión, sus compromisos, sus obligaciones y derechos dentro de esa comunidad…  Es decir, todo ha de ser articulado en torno a un sistema normativo, legal y administrativo que se adapte bien a la existencia de relatos diversos, organizados de forma estratificada: el confederalismo asimétrico.

Mientras sigamos aceptando la lógica del Estado-Nación, aceptamos, de forma implícita o explícita, los principios de nacionalidad (en vez del de ciudadania) en nuestros prejuicios respecto a la inmigración, estaremos aceptando la lógica de los aranceles que protegen a «nuestras» empresas y que hunden a los productores emergentes, estaremos avalando o simpatizando con reivindicaciones territoriales que nada tienen que ver con nuestras vidas, aceptaremos injerencias constantes en nuestra intimidad en pro de una seguridad nacional, estaremos asumiendo imposiciones ideológicas inausmibles en la educación de nuestros hijos y así hasta el infinito…

En resumen, en los mundos que vienen, es fundamental tomar el control del relato frente a una narrativa global estándar basada en un relato propio de las élites que gira en torno al mayor lastre para la nueva transición, la idea de Estado-Nación. Infinitos relatos superpuestos y basados en hitos emocionalmente relevantes para las comunidades reales, no para las imaginarias.

Carta a mis amigos catalanes…

Estimados amigos catalanes,

En principio esta carta estaba pensada sólo para aquellos de vosotros que defendéis la independencia pero, después de hablar con algunos de vosotros, me he decidido a extenderla a todos los que allí viven. La primera razón es que me es francamente difícil separar los que son y manifiestan como inequívocamente catalanes de los que han nacido, viven, trabajan o comparten simpatía por Cataluña. Empiezo con matices, porque de eso va esta carta, de matices. Y para que nadie deje de sentirse aludido.

La razón de la carta es doble. Por un lado personal… manifestar la profunda tristeza que me provocan los hechos de los últimos días de la forma mas neutra posible. Por otro lado política… no por estar en uno u otro lado, sino por la necesidad que tengo de analizar estos hechos, como cualquier otro en mi vida y trabajo, desde la razón, desde «la evidencia». En definitiva, de dar mi visión para no tener que discutir con ninguno de vosotros de una forma que no sea meditada. O para evitar dichas discusiones que, hoy día, sirven para poco más que para enfadarse.

Escribo porque no entiendo nada… a ver si alguien de los que me conoce me consigue aclarar las cosas, ya que no confío en ninguna opinión que hable en nombre de pueblos, naciones o colectivos, venga de políticos o de los medios. Confío, únicamente, en la opinión de aquellos allegados de los que conozco su contexto. Quizá desde el conocimiento de mis allegados y ahora que estoy lejos llegue a entender la situación global. Yo, por mi parte, utilizaré mis ejemplos, mis tierras y lugares, para ver si podemos entender nuestros contextos…

Empezaré, con lo que yo he entendido hasta ahora, a ver si es que no lo he entendido bien…

Seguramente las razones para la independencia sean muchas y dispares, pero hablaremos de las mayoritarias y de las que muchos de vosotros usáis en vuestras reivindicaciones personales:

  1. El “expolio fiscal”. En el primer punto me gustaría preguntar si referirse a un déficit fiscal como “expolio” se corresponde con la definición exacta de expolio o es un término utilizado de forma deliberada al efecto de sesgar el debate. De provocar posiciones a priori, sentimientos, etc. Como espero que no sea lo segundo, asumiré que es por lo primero.Parece asumido por todos que el resto de España (puntualizo, menos Madrid, Baleares, Navarra, Pais Vasco, La Rioja, Aragón y Valencia) se beneficia de un déficit en la balanza fiscal de Cataluña. Es decir, de un disbalance entre las aportaciones de Cataluña a la caja común del Estado y las inversiones del Estado en Cataluña. Aquí habrá que aclarar que “Cataluña”, como unidad indivisible, no paga impuestos. Los impuestos los pagan sus ciudadanos y sus empresas o sociedades. Por otro lado, que haya 16000 millones de déficit en la balanza fiscal no quiere decir que cada uno de los siete millones y pico de catalanes toque a un porcentaje equitativo de esa cantidad (eso de que cada catalán tocaría a dos mil o tres mil euros más por barba). Mas bien es una media. Pero es probable que si, a cada uno, en particular, le devolviéramos su parte correspondiente de lo que aporta al Estado, los que más saldrían ganando serían aquellos que más aportan… es decir, las grandes empresas, las grandes fortunas, los funcionarios o empleados de empresas con mayores sueldos… Es más, si hiciéramos el cálculo de forma rigurosa, a algún catalán le saldría el saldo negativo, o sea, que le debería dinero al Estado porque lo que aporta no compensa lo que gasta el Estado en él. Pero esto no es así. No es así porque un ciudadano de un Estado en el que la redistribución de la riqueza se asuma como un derecho (y creo que, con todas las imperfecciones, en eso estamos) no puede reclamar para sí, como un expolio contra su persona, algo que, en realidad, es una media de lo que todos aportan en conjunto. Por llevarlo al absurdo… si yo vivo en La Coruña, cerca de Amancio Ortega, no es legítimo reclamar como expolio personal el déficit que el Estado tiene con La Coruña gracias a las aportaciones del hombre mas rico de España.Por qué esto es importante…porque ahora habrá que entrar en las razones de por qué Cataluña tiene déficit fiscal…que no es, ni mas ni menos, que las mismas por las que Madrid tiene un déficit fiscal aún mayor: que el ciudadano medio (¡ojo, el ciudadano medio no es un ciudadano concreto, no sois ni vosotros ni yo!), incluyendo entre los ciudadanos a las “personas jurídicas”, las empresas, paga más impuestos que el ciudadano medio de Asturias…Y, ¿por qué es más rico el ciudadano medio de Cataluña o Madrid?. A mi se me ocurren mil razones y ninguna tiene que ver con lo duro que se trabaja en Cataluña con respecto al resto de España (luego iremos a las odiosas comparaciones). ¿Podría ser porque hay mas sedes de empresas?¿Porque las infraestructuras son mejores que en otros sitios y las empresas se localizan ahí?¿Porque, muy importante, ante la falta de posibilidades en otros sitios, la gente joven y motivada se desplaza a las grandes ciudades en busca de trabajo?¿Porque circunstancias no meritorias, es decir, rentas: ubicación, clima, historia… determinan una ventaja competitiva?Asumiendo que el número de panaderos, funcionarios, limpiadores, enfermeras, gasolineros, etc por habitante sea similar y que los sueldos muy parecidos, el déficit fiscal sólo puede deberse a que o hay más ricos en un sitio o se reciben muchas menos inversiones.Se que hay amigos y no tan amigos que van a Asturias (seguiré con el ejemplo) y no ven más que señales del despilfarro que se hace con su dinero donde yo no veo más que subdesarrollo industrial y de infraestructuras… Pero un ciudadano riguroso se tiene que preguntar si a mismos impuestos recibe los mismos servicios que un asturiano, no si podría tener mucho más dinero en un reparto en el que él saliera más beneficiado. Y yo puedo contestaros, con bastante certeza y sinceridad, que los servicios disponibles para un asturiano son bastante peores que los de un barcelonés. Pero también que los de alguien de Begur… Sin embargo, el Estado se gasta por habitante mucho más en Asturias que en Cataluña…pero ¿no será por que tiene una de las poblaciones más envejecidas de Europa?¿O un éxodo masivo de sus jóvenes, de su población activa?¿O por que sufrió una reconversión industrial bestial sin reinvertir en tejido productivo? ¿Será porque su orografía y clima encarecen dramáticamente sus infraestructuras?¿Será porque hay menos población o está más dispersa?En resumen, que un expolio no puede referirse a un territorio sino a personas físicas o jurídicas y que llamar expolio a la redistribución de la riqueza parece tener segundas intenciones, ya que la realidad parece más compleja que una simple suma y resta.
  2. Historia, cultura y lengua. Vamos a dejar a un lado las puntualizaciones históricas por dos razones: hechos históricos pasados no tienen por qué ser argumentos para relaciones sociales actuales (ni para unir ni para independizar) y la historia parece tener varias interpretaciones dependiendo de quien la escriba. En cuanto a la cultura y la lengua, sólo tengo una pregunta. ¿De verdad la lengua y la cultura catalanas se viven en la cladestinidad, de forma extraoficial y minoritaria? Porque, en los 7 años que llevo en Barcelona, yo sólo veo la preeminencia institucional del catalán y de la cultura en catalań. Ojo, no es una queja, acepto perfectamente que así lo quiera la mayoría. Sólo trato de puntualizar que perseguir la independencia, y arriesgar cierto bienestar, para conseguir algo que ya está conseguido, es, a mi entender, ilógico.Por otro lado, si la consecución de determinados objetivos culturales o lingüisticos es insatisfactoria en estos momentos…¿no existen mecanismos democráticos para cambiar dichas insatisfacciones actualmente?¿Es necesaria la enmienda a la totalidad?
  3. Desafección de España. Esta es la parte que mas lamento…Yo, si algo tengo claro, es que lo que nos une es infinitamente más de lo que nos separa. Y lo que nos separa, es muchísimo menos traumático de resolver que acabar con lo que nos une. Y, ojo, yo no estoy hablando de Cataluña y España. Yo hablo de mis amigos catalanes y de mis amigos españoles. De mis comunidades reales. Ya que me une lo mismo a un catalán con el que no simpatizo como con un extremeño con el que no simpatizo: nada de nada. Catalán, asturiano o español sólo funcionan como simplificadores de mi compleja realidad, distribuida en 3 ciudades, dos pueblos, 3 paises, diversas aficiones y gustos… y eso debe ser así para cada “catalán” o “español”.Pero vamos al meollo con una ilustrativa viñeta…Tan ilustrativa como maniquea…. por dos razones:- La mayoría de los “españoles” no dicen eso de los catalanes. Sí, como no, hay gente que lo dice, incluso cosas peores, como llevar los tanques y esas cosas, pero esa es una inmensa minoría. Una minoría que, por cierto, también existe en Cataluña y en sentido opuesto. El problema es simplificar España o Cataluña como sus partes mas extremas. Volviendo a la viñeta… de la misma forma podríamos hacer una viñeta en la que un catalán le gritara a un español: vago, feixista, expoliador, franquista, lladre, subvencionat, cara dura, borratxo, charnego, botifler, inutil, anti-catalán…todas ellas cosas que también se oyen en algunas minorías, tan minorias como las que dicen lo mismo o parecido de los catalanes. O sea, por la razón que sea, apelar como razón para la desafección que nos maltratan desde España tiene tanta base argumental como apelar a que nos menosprecian con arrogancia para defender los agravios a Cataluña. Si la decisión más importante de la historia moderna española o catalana se va a tomar atendiendo a clichés, tópicos, medias verdades, pasiones o ignorancia lo que se está sembrando va a tener una cosecha catastrófica.

    A mi me podéis intentar convencer de lo contrario, es lo que pretendo, que me argumentéis, pero mi sensación es que, mas allá de las particularidades culturales, compartimos actitudes, formas de pensar, prioridades y respetos. Además de muchos intereses en común. O sea, no se por qué se enfatiza la diferencia.

    Para algunos otros la desafección hacia España viene dada por el “poco respeto a las instituciones catalanas”. Por ejemplo, por el rechazo del Tribunal Constitucional al Estatut de Autonomia. Asumiendo que las instituciones del Estado pueden ser francamente mejorables (tambien las catalanas, no hace falta decirlo), ¿qué hace pensar que las decisiones en contra de determinados artículos de una ley se tomen en función de las ganas de fastidiar a Cataluña?¿En serio creéis que el motivo de revocar una pequeña proporción de los artículos del Estaut se debe a una predisposición a hacer el mal a Cataluña? Que queréis que os diga, como poco me parece endeble como argumento. Yo mas bien tiendo a pensar que son las reglas del juego democrático. La argumentación de por qué se revocan algunos artículos ha de ser jurídica, fundamentada en el derecho, recurrible, etc. Esas son las reglas del juego que nos hemos dado. Eso es así en España, pero también en Europa. Habrá veces que consigamos todo lo que queramos, otras veces que los intereses choquen contra los de otras regiones o paises, otras veces que encontremos aliados. Quiero pensar que si se revocan determinados artículos de una ley es por que no se ajustaban a derecho perfectamente. O, al menos, cabía interpretaciones de la ley en las que dichos artículos no eran aprobables. No seré yo quien defienda al Tribunal Constitucional, pero la democracia es un juego de contrapoderes. Imaginemos que desde el parlamento de Cataluña se aprueban cosas que, por más que hayan sido refrendadas, no se ajustan a la legislación europea, española…es decir, al marco jurídico en el que vivimos. O, llevándolo al extremo, que la población catalana decide hacer una ley que influye en las leyes u organización administrativa de otras regiones… tiene entonces que haber mecanismos que compensen esas posibles injusticias, que las maticen, que delimiten sus interpretaciones… porque, ojo, “el pueblo” puede, a través de sus representantes, de manera perfectamente democrática, decidir cosas completamente ilegales. Democracia no es (sólo) votar en referendum. Democracia es respetar la ley y, muy importante, a las minorías. Y cambiar las cosas debe realizarse mediante pactos, mediante diálogo, convenciendo, sumando apoyos… si un catalán convence a un andaluz de lo injusto de su situación, no me cabe la menor duda de que ese andaluz también apoyará esa reivindicación concreta. Eso es política.

Esas son las tres razones mayoritarias que se suelen esgrimir en favor de la independencia. Yo he intentado, durante 7 años, tratar de encontrar argumentos basados en la razón para entender las posturas independentistas. No lo he conseguido. No me han faltado ganas y disposición, pero me ha sido imposible entender las razones desde una perspectiva racional. Otra cosa diferente  es que se trate de sentimientos. Entonces ya estamos hablando de algo que nunca podré entender, porque, efectivamente, mis contextos son otros. Pero recordad que tomar decisiones políticas con la viscera en lugar de con la razón, no suele traer cosas buenas.

En ese caso, en caso de que procediérais a la independencia, me gustaría al menos creer que habéis pasado por este trayecto:

  •  Que naciones y nacionalidades no son mas que constructos convencionales, no esencias inmutables. Que los afectos no se dan a gran escala sino a pequeña escala. Que lo que os une a “Cataluña” a todos y cada uno del resto de “catalanes” no es más que una unidad administrativa. Ni intereses, que no son los mismos para Isidre Fainé que para Xavi Hernandez. Ni objetivos, que no son los mismos para el director de ESADE que para mis amigos médicos. Ni lengua, ya que hay catalanes de lengua castellana, catalanes de lengua catalana, catalanes bilingües y catalanes (ciudadanos de cataluña) de lengua china, árabe, francesa o rumana. Ni nacimiento, ya que hay catalanes nacidos en todas partes del mundo y que son ciudadanos de Cataluña y ciudadanos nacidos en Cataluña que viven y se sienten de otras partes del mundo.
  • Que si lo único común a todos es una Unidad administrativa, siempre hay que plantearse si lo que sucede ahora beneficia a todos y cada uno de los que pertenecen a dicha unidad administrativa o si puede haber algún interés particular en los administradores de dicha unidad. En el caso concreto que nos ocupa, si la desastrosa gestión de los dos últimos años, que se va a concretar en una (casi) mayoría absoluta, no tiene nada que ver en que cambiara drásticamente y sin precedentes que permitieran intuirlo, el discurso político predominante. De los recortes, la corrupción y la bancarrota a la independencia y el modelo de Estado.
  • Que si, finalmente, Cataluña decide la independencia, se habrán tenido en cuenta todos los aspectos prácticos (no sólo los formales). Es decir, quien tendrá la ciudadanía, quienes no, si no sólo habrá reparto de beneficios sino de la deuda acumulada, si se tendrán en cuenta las repercusiones económicas y sociales y, sobre todo, si no hay alternativa menos traumática para la satisfacción de las demandas específicas que ahora se aducen como razones para independizarse.
  • Que tenéis claro que el nacionalismo (y sus variantes étnicas y religiosas) no es una teoría nacida en la academia, no es una actitud política emanada de la razón, no es una posición deliberativa sino la utilización política de un sentimiento. Y que la identidad ha sido usada por los gobernantes como herramienta infalible para someter a los pueblos o para aglutinarlos en torno a sus politicos desde tiempos inmemoriales… de los aztecas a Roma, de los cruzados al Islam, de Las Malvinas a Gibraltar…
  • Que cuando habláis de «expolio», de los españoles que no trabajan, de los que viven de las subvenciones, de los que os hacen la vida imposible, de los que no entienden vuestra lengua ni se esfuerzan en ello… penséis en mí. Y en tantos otros como yo. Y analicéis de forma crítica si estáis siendo justos. Que penséis si los pescadores, mineros, ganaderos, agricultores, trabajadores del metal, de los astilleros, de la construcción, etc asturianos son mas o menos vagos que los informáticos, financieros, editores, diseñadores, hosteleros, etc de Barcelona. Y si  de verdad creéis que los primeros ganan más que los segundos. Y si esos matices pueden tener algo que ver en el déficit fiscal en vez de en la vagancia y las ganas de robar.
  • Que, con todo lo lamentable del Gurtel, Pokemon, Campeón, etc, vais a saber ver la viga en el propio ojo de forma tan escrupulosa.
  • Finalmente que, en un hipotético proceso constituyente catalán, habrá ley, habrá elecciones pero, sobre todo, habrá respeto a las minorías. En ese caso, no me resignaré pero, al menos, podré seguir discrepando

En resumen, amigos, necesito herramientas para poder entender lo que pasa…por más que leo y os escucho, no encuentro nada que me satisfaga intelectualmente que justifique la deriva.

 
ACTUALIZACIÓN

La viñeta que he puesto es una viñeta que saqué de un email que circula por Cataluña (al menos así me llegó a mí). La verdadera viñeta está más matizada y la pongo debajo. De todas formas, el mensaje en sí, no cambia sustancialmente.

Sarriá-Sant Gervasi is not Barcelona

Como ayer hablábamos de esto y hoy he visto este enlace de El Periodico de Catalunya, me voy a permitir el lujo de colgarlo entero. Lo absurdo del lenguaje nacionalista en un panfleto:

Ayer recogí del suelo en el paseo de la Bonanova una hoja volandera que no me resisto a reproducir íntegramente. El panfleto, que firma una plataforma ciudadana hasta ahora desconocida, dice así:
«Vecinos y vecinas de Sarrià-Sant Gervasi: ha llegado la hora de reivindicar nuestros derechos. Los vecinos y vecinas de este distrito sospechamos que pagamos más tasas y tributos al Ayuntamiento de Barcelona que los del resto de la ciudad, pero recibimos menos inversión pública que los demás. Para demostrar que tenemos razón, reclamamos del Ayuntamiento de Barcelona que calcule y publique las balanzas fiscales entre la hacienda municipal y todos y cada uno de los distritos.
Tras conocer esas cifras, las fuerzas vivas de Sarrià-Sant Gervasi procederemos a negociar bilateralmente con el equipo de gobierno municipal de la ciudad un pacto fiscal o concierto, que reduzca sustancialmente el expolio existente. Este distrito tiene un considerable déficit en infraestructuras y padece también bolsas de pobreza, por lo que no vale aducir que los vecinos somos, por lo general, acomodados.
Los vecinos y vecinas de Sarrià-Sant Gervasi estamos dispuestos a aportar lo que sea justo para conseguir sufragar los gastos de funcionamiento ordinario de la ciudad, a través de un cupo pactado entre las partes. El resto de lo que se recaude en Sarrià-Sant Gervasi será administrado por una Hacienda propia del Consejo de Distrito.
También aceptamos pagar una cuota de solidaridad para subvencionar a los distritos más desfavorecidos, cuya cuantía será fijada en la mencionada negociación bilateral. Ahora bien, esa cuota de solidaridad debe ser finita en el tiempo, pues, si no, no se incentivará a los vecinos de esos distritos a prosperar y crear riqueza; por el contrario, se les acostumbrará a una cultura del subsidio que fomenta la molicie y el atraso.
No creemos que la actual situación de crisis económica sea un obstáculo para alcanzar nuestros objetivos. Al contrario, creemos que es una oportunidad, y que nuestras peticiones serán vistas con simpatía por Europa. Llamamos a todos los concejales y concejalas que residan en Sarrià-Sant Gervasi para que hagan un frente común y antepongan la defensa de los legítimos intereses de sus vecinos y vecinas del distrito a cualquier otra consideración ideológica o política. Los sindicalistas (pocos) del distrito ya se han adherido a nuestra plataforma.
Si el Ayuntamiento rechaza nuestras peticiones, le recordaremos que Sarrià fue, hasta 1921, un municipio independiente, y Sant Gervasi de Cassoles lo fue hasta 1897, y que tenemos derecho a ejercer nuestra autodeterminación.
Vecinos y vecinas, gritad con nosotros: ¡Viva Sarrià! ¡Viva Sant Gervasi! ¡Sarrià-Sant Gervasi is not Barcelona! ¡Freedom for Sarrià-Sant Gervasi!»
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Carles Pastor, en El Periodico

Lastre del siglo XX que soltar (1): Nacionalismo

Hoy empiezo una nueva serie en el blog. Se trata de tratar de identificar aquellas ideas que arrastramos desde el siglo pasado (o mas allá) y que creo que son el lastre para que la sociedad evolucione hacia formas de gobierno y ciudadanía mas justas y más representativas de cómo se organiza (o se podría organizar) la sociedad en este siglo. Algunas de ellas forman parte de «los pilares de la democracia». Pero eso no me interesa ahora. Me interesa tratar de explicarme a mí mismo cómo determinadas ideas, algunas de ellas enormemente arraigadas, configuran la forma de ver el mundo de la gente y, en definitiva, las formas de organización social y cuáles son las razones que a mí me han llevado a criticarlas como causas directas de una buena parte de nuestros problemas actuales.

La primera de ellas, el primer lastre a soltar, es el nacionalismo. Es la primera porque es ubicua y versátil y, probablemente, sea la más dificil de desterrar. Y es la primera porque, por diversas razones, me ha ocupado bastante tiempo en mis discusiones con amigos y compañeros. Sirva de referencia para no tener que explicarme tantas veces y no tener que perder tantos interlocutores a la primera de cambio.

La primera razón por la que el nacionalismo es un lastre es por su propia naturaleza. El nacionalismo es una ideologia que nace del sentimiento, no de la razón. No es un constructo ideológico con un corpus teórico mas o menos académico que lo sustente (como pasa con socialismo o liberalismo) y unos objetivos razonados basados en los supuestos teóricos. El nacionalismo es la justificación de un status. Es la definición de unas características, generalmente innatas y comunes en una población y la elaboración de unas reivindicaciones basándose en la identificación con ese conjunto de características. No hay teoria que lo sustente y la prueba es que los nacionalismos no pueden ser inclusivos, sino antagónicos por naturaleza. En el conjunto «liberalismo» hay libertarios, anarcocapitalistas, minarquistas, liberal-demócratas, anarquistas…todos son subconjuntos de una propuesta teórica inicial que varian dependiendo de la interpretación de cada uno. Lo mismo sirve para el conjunto «socialismo»: hay comunistas, marxistas, leninistas, trotskistas, maoistas, socialdemócratas… Sin embargo es imposible que haya «interepretaciones» en el nacionalista. No hay cambios cualitativos. En todo caso los matices vienen por el «grado». Se puede ser nacionalista gallego moderado o radical. Pero no se puede ser nacionalista estadounidense y español. O catalán y español…Por tanto, si es una ideología basada en un sentimiento, un sentimiento que, además, es excluyente, no puede dar lugar a nada bueno. Como dice La revolución naturalista:

En particular, sabemos que las decisiones sentimentales e intuitivas no suelen funcionar mal del todo a escala personal, pero pueden acarrear consecuencias nefastas cuando se aplican a una escala social y política. Y la mera agregación de voluntades individuales con el intenso sentimiento de llevar la razón tampoco lleva a resultados óptimos.

El nacionalismo aprovecha las estructuras básicas del cerebro como un virus. Usa sus mecanismos para propagarse de forma universal y perdurar latente siempre. El cerebro tiene dos formas de conocer el mundo. Los sentidos, que proporcionan cantidades ingentes de información no sesgada y las emociones, que otorgan valor a esa información. Las emociones moldean el cerebro durante toda la vida pero con especial vigor en infancia y adolescencia. Es en esas etapas cuando aprendemos qué es lo importante en la vida, para que lo tengamos en cuenta cuando esas situaciones se vuelvan a suceder y tengamos una forma rápida de reaccionar. Nací en Valencia y llevo 8 años fuera de Asturias, de donde «soy». Pueden pasar siglos, que Asturias es y será mi referencia. Llevo un año fuera de Barcelona, pero no la echo de menos. Echo de menos a determinada gente de muchas partes, pero el entorno geográfico que echo en falta, el que tengo idealizado es Asturias. Para mí es el el disfrute de un territorio y unas costumbres, para otros la lengua que se hablaba en casa de sus padres, para otros el odio contra los que les masacraron…el nacionalismo es una emoción, como se puede deducir del hecho que una empresa multinacional de origen norteamericano la aproveche y canalice para mejorar sus ventas. Y como tal emoción, nada bueno para tomar decisiones que requieran del uso no sesgado de la razón.

La segunda razón por la que desterrar el nacionalismo de nuestras vidas es la que más me interesa. El nacionalismo es la forma más barata, eficaz y rentable que tienen determinados grupos de poder para apelar todo un conjunto de ciudadanos y que estos respondan en su favor. Como ya explicábamos en un post anterior, el nacionalismo es el anillo de poder que los une a todos, el toque de arrebato que congrega al pueblo en torno al que toca la campana. El nacionalismo permite, de manera simple, desactivar cualquier amenaza a los gobernantes y sus oligarquias. Si tu eres español, yo soy español y hay un ataque contra España y yo soy tu gobernante, tu, para defender tu España tienes que estar con tu gobernante. Y, si no, eres insumiso, antipatriota, traidor…alguien deleznable. Alguien que no forma parte de esa comunidad. Alguien anti-español. Los nacionalismos, aunque explotan particularidades históricas, culturales o raciales, reproducen territorios administrativos. Es decir reproducen las estructuras de poder. Y eso es así y no al revés. Es decir, no aparecen los nacionalismos porque haya unas características culturales a priori que, despues, definen un Estado o nación. Si eso es así, ¿cómo se entiende que exista el nacionalismo Argentino si sus características culturales, físicas, de lenguaje, etc eran básicamente idénticas a las de sus metropoli?¿Cómo explicamos que unos señores con cara de andaluces, acento andaluz y costumbres andaluzas, puedan estar convencidos de su madre patria británica?¿Cómo puede ser que cuente como ciudadano estadounidense y se defienda dicha ciudadania con fervor tanto para alguien de Maine como para alguien de Puerto Rico, dónde hablan y viven de otra manera, o de la isla de Guam, que está del otro lado del Pacífico? En resumen, el nacionalismo es la justificación de un status, de un interés. Y el status puede estar recubierto de cultura, de raza, de territorio o de historia, pero no deja de ser un status. Y como es una justificación, adopta mil caras diferentes dependiendo de qué es lo que se quiere justificar. Hay muchos nacionalismos, pero yo me voy a referir a tres. Los tres que he vivido y los tres que han formado mi opinión al respecto. Los tres como arquetipos de la forma en que el nacionalismo nos nubla la razón. Seguro que hay ejemplos mejores, pero estos son los míos.

1. El nacionalismo omnipresente: el catalán

El nacionalismo catalán es el nacionalismo que sirve para todo. Es un nacionalismo multiusos. Es un nacionalismo explícitamente agresivo y con tentáculos en toda la sociedad. Siguiendo la lógica de la descripción precedente, el nacionalismo catalán se basa en el sentimiento de pertenencia a «els Països Catalans«, comunidad lingüistica y territorial que abarca las 4 provincias catalanas más la Comunidad Valenciana, Baleares, Andorra, la franja de Aragón, el Rosellón y la Cerdaña francesas y, según algunos otros, el Alghero en Cerdeña. Todo es según los propios nacionalistas (que no según los habitantes de esos otros territorios). Los más puristas reivindican esa metanación inventada como constructo pero dónde de verdad es patente (ya que en Valencia o Baleares, por ejemplo, gobierna su nacionalismo antagónico y en Alghero o el Rosellón les puede dar un patatús si les dicen de unirse a ellos) es allí dónde la casta, la oligarquia, se ha decantado por esa identidad para conseguir más poder. En Cataluña, con la excusa de «la promoción del idioma» se tiene en vereda a los medios de comunicación. Con la excusa de un complot se puede ser un oasis del robo perpetuo. Los políticos que, en mi tierra, por definición, son unos «comiones» y gente a escrutar de cerca, en Cataluña convocan ellos mismos manifestaciones contra su propia ineptitud negociadora. En Cataluña, echar la culpa a España con los peajes de las autopistas, cuando es el propio partido nacionalista mayoritario el que recibe comisiones de las empresas concesionarias y el que ha alargado las concesiones a esas mismas empresas, en Cataluña la izquierda no es universalista, es nacionalista, racista, clasista y echa una mano al ladrón cuando hace falta en pro de la «nación». En Cataluña gobierna sus sistemas sanitarios un señor y sus secuaces que vienen de la patronal del negocio sanitario y unos amigos que la saquean pero la culpa de los recorte la tiene que no haya pacto fiscal. Y, si… en Cataluña se defiende, durante décadas, que las rentas pertenecen a los territorios. A los territorios dependientes de la casta en cuestión. Que Cataluña tenga un déficit fiscal no se debe a que haya más empresas afincadas, más renta per cápita, en definitiva, mas dinero, igual que sucede, seguramente por las mismas razones, en Madrid. No. En Cataluña el panadero que cobra 1000 euros al mes y paga al Estado exactamente lo mismo que paga al Estado el mismo panadero del barrio de Vallecas, tiene tanto derecho a reivindicar el botín del expolio cómo el que vive en Pedralbes. En Cataluña el nacionalismo no (sólo) es sociológico, forma parte de la red clientelar. Desde las subvenciones a asociaciones cívicas pro-sistema, hasta, como decimos, los diarios generalistas. Eso en positivo… pero además tiene la parte punitiva: la de multar por rotular en el idioma que te de la gana, la de no contratar artistas que no se plieguen a las circunstancias políticas, la de menospreciar con tópicos a los trabajadores de otras regiones… En suma, en Cataluña se vive el nacionalismo institucional a cara de perro. Y, lo peor de todo, se vive como una necesidad. Como la única forma de reivindicar unos derechos. Por eso, siguiendo el silogismo perfecto del que hablábamos antes, si criticas alguno de los aspectos que la oligarquía considera «esenciales» de Cataluña, criticas a Cataluña y por extensión a todos sus habitantes y por tanto eres un anti-catalán. Por suerte eso, aunque flota en el ambiente de cualquier conversación política eso no influye en las relaciones personales, sólo en las relaciones con la administración y en el discurso oficial.
2. El nacionalismo clásico: el español

El nacionalismo español es el de muchas otras naciones-estado en el mundo. Parece no estar pero impregna buena parte de la actitud de los dirigentes y, al ser menos exigente en sus posiciones, cautiva mucho más a sus habitantes. Es un nacionalismo menos explícito que el anterior, pero igualmente dañino para la razón. Como es un nacionalismo menos explícito es más difícil deshacerse intelectualmente de él. Pero también es necesario soltar ese lastre. El nacionalismo español se basa, más que en la lengua, cómo el anterior, en la pertenencia al territorio geográfico conocido como «España». Como culturalmente ese territorio es diverso incluye la posibilidad de acoger multiples «nacionalidades» y reconoce derechos lingüisticos a otras. Pero eso es sólo cuando esas otras se muestren dóciles. Si no, se toca a arrebato de nuevo. Y ahí es dónde los nacionalismos clásicos son más evidentes. El nacionalismo español no necesita reivindicarse en cada aspecto de la sociedad porque ya tiene el control. Todo es, por defecto, español. Por eso no impregna la cultura con subvenciones, ni los diarios por ser escritos en esa lengua (sino por ser afines al grupo oligárquico del momento), ni a las asociaciones por defender un tipo de cultura… sin embargo, si el partido de la oposición pacta, de forma legítima, con los representantes de otras comunidades autónomas es que quiere romper España, si se nos exigen unos requisitos económicos de solvencia es que Alemania y el Banco Central Europeo nos tienen manía y no nos quiere ayudar, si otro país nacionaliza una empresa multinacional en la que tiene participaciones la red clientelar que conforma la oligarquia española hay que usar todos los recursos del Estado y la opinión pública para menospreciarla, si el pueblo pasa hambre es porque la pérfida Albión no nos devuelve Gibraltar, si hay que aguantar impuestos, recortes y rescates es porque nosotros somos españoles, los bancos rescatados son españoles y hay que compartir el esfuerzo y apretarse el cinturón, si los vecinos del norte se rien con unos guiñoles porque nuestro deporte, en verdad, necesita una revisión seria de la politica antidopaje, es que nos tienen envidia… Mientras el nacionalismo explícito usa a la población para que la oligarquía consiga privilegios, el nacionalismo clásico la usa, sobre todo, para no perderlos. Para, en tiempos de crisis, aglutinar a la población en torno al gobernante. Hay tantos ejemplos como Estados…desde Argentina y las Malvinas hasta China con el Tibet…Por supuesto, la no asimilación de dichas arengas implica la traición tambien, como en el anterior. Tan perverso como el anterior anulando la capacidad crítica y como cualquier otro nacionalismo, tambien hemos de desterrarlo.

3. El nacionalismo sutil: el estadounidense.

El estadounidense es un nacionalismo clásico en toda regla. Si cabe uno de los más potentes. Pero no me voy a referir a ese tipo de nacionalismo. Me voy a referir a otro que es menos evidente pero, para mí, igualmente nacionalismo. Sucede en otros muchos sitios pero, quizá, en Estados Unidos aparezca con mayor claridad. Se trata del nacionalismo que atribuye virtudes generalizadas a sus habitantes por la pertenencia a dicho territorio. En este caso las oligarquias utilizan las supuestas virtudes de la nación cómo argumentos para mantener sus privilegios. Por ejemplo… America «is the land of the free» y eso, tan genérico, sirve como argumento para que el Estado no pueda inmiscuirse en las vidas de los ciudadanos y proveer y pagar por la Sanidad cuando, en realidad, significa que los que se benefician del negocio no quieren perderlo por nada del mundo. La Consitución americana, de la que emanan todas esas virtudes, acoge el derecho a protegerse con armas, aunque nadie se defienda de los atacantes con armas y eso sea injusto, ineficaz, peligroso y conlleve tasas de muerte por arma de fuego 10 veces superiores a las de paises homólogos en su pais y en el vecino del sur. Pero lo que de verdad significa es que el lobby del armamento (bajo la NRA) usa ese texto mitológico como coartada para defender sus intereses concretos. El prototipo de hombre americano es el de «el hombre que se hace a sí mismo», aunque no cuenten si se hizo a si mismo por los recursos que ya tenia, porque tuvo suerte o porque tenia una talento extraordinario o aunque no digan cuanta es la proporción de hombres que se hacen a sí mismos. Pero ese ideal es el que hace que la gente se mantenga contenta con el sistema politico. Si no llegas a «hacerte a ti mismo» no es porque no puedas acceder a la educación en igualdad de condiciones que los pudientes, o que hayas caido enfermo y tengas que dedicar tus sueldos íntegros a pagarte tu salud o que vivas en Colorado en vez de en Silicon Valley… no, es porque no lo mereces, porque el país bien que te da las oportunidades. Recuerda, es «la tierra de los libres». No sólo eso, es la tierra bendecida por Dios. Una de las tierras prometidas. Pero ¿de qué America estamos hablando? ¿De la próspera, liberal y con altos impuestos como en Massachussetts, de la conservadora Utah, de la aún más liberal California o de la pobre, retrógrada y con bajos impuestos Arizona?

Con todo esto lo que quiero recalcar es que, como charlabamos hace un par de dias con @medicocritico, las explicaciones simples de la realidad suelen ser las utilizadas por los que tienen intereses en que no se sepan las explicaciones detalladas, pormenorizadas, matizadas… Las explicaciones simples de la realidad las usan los vendedores de humo, los religiosos, los magufos…y los nacionalistas. Cualquier nacionalismo es un tópico, una simplificación de una realidad compleja. Por eso, si bien se puede defender y fomentar la lengua que quieres hablar en tu comunidad (sin necesidad de depreciar otras, por cierto), si bien se puede mostrar simpatia e incluso animar a la selección española por afinidad, si bien se puede argumentar que los bajos impuestos atraen empresas, si bien se pueden reivindicar la abolición de los peajes o de los toros… todo eso no tiene ninguna relación entre sí. Cada propuesta es una y concreta y se enriquece con el debate, se propone en la comunidad y se aprueba o no siguiendo los mecanismos institucionales adecuados. Cuando lo que se hace es apelar a un sentimiento genérico para reivindicar cualquier cosa, lo que se hace es devaluar el argumentario para conseguir la reivindicación concreta. Si, además, eso supone la coartada perfecta para las oligarquias, tenemos la mezcla perfecta para la confrontación, la incomprensión y la ineficacia.

Por tanto, primer lastre a soltar, las cosmovisiones nacionalistas para explicar una realidad mucho más compleja.

PD: como se que me van a llover por ambos lados: Trolls, ahorrense la rabia, por favor y traten de leer con calma.

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